IÑAKI OCHOA DE OLZA – BIOGRAFÍA

“Me parece que ya se ha hecho tarde para cambiar de rumbo, y además no tengo ganas. Creo que somos tipos tercos, de esos que nunca aprenden aunque les muelan a palos. Sostengo que la escalada ha rescatado mi vida de las garras de una existencia burguesa, mediocre o insignificante, o todo ello a la vez. Aunque haya quien piense que sólo somos los niños malcriados de una sociedad decadente, yo no lo creo así, y sólo espero el momento de subir bien alto para mirar una vez más con infinita libertad dentro de mí, y para robarles energía a estas montañas sin par que me alimentan y enriquecen cada vez más. Esta vida, que yo mismo he elegido, me llena profundamente”

Nepal, mayo de 2008

Iñaki Ochoa de Olza Seguín nació el 29 de mayo de 1967 en Pamplona y era el mayor de cuatro hermanos. Empezó a salir al monte de niño, con su padre y sus hermanos, principalmente al valle de Belagua, donde empezaría a fraguarse su pasión por la montaña. Para él, decía, era una vía de escape. Siendo todavía un chaval recibió de las manos de su progenitor Everest sin oxígeno, un libro de Reinhold Messner que cómo el mismo contaba leería al menos un par de veces por semana durante el primer año… A partir de ahí devoraría libros de alpinismo a la misma velocidad que crecía su pasión por la montaña.

Iñaki comenzó a hacer escalada en roca en su adolescencia y durante los años previos a su primera expedición al Himalaya se convertiría en su actividad fundamental junto con algún trabajo como guía de montaña o en refugios. Fueron años de preparación y aprendizaje en su tierra, también y como colofón a esta etapa, en destinos más lejanos y comprometidos, como los Alpes o el valle de Yosemite (EE.UU), donde hizo escalada en las paredes verticales de El Capitán o el Half Dome.

Por fin, el Himalaya. La oportunidad de participar en una expedición al Himalaya le llega pronto, en la primavera de 1990. Con 22 años, invitado por su amigo Koldo Aldaz, parte rumbo al Kangchenjunga la tercera montaña más alta del mundo como miembro de la Expedición Navarra Kangchenjunga 90. Esta primera incursión al Himalaya le marcará definitivamente y le revelará el camino que habrá de seguir a lo largo de su vida. Aunque ninguno de los expedicionarios hace cima, Iñaki consiguió ascender hasta los 8.000 metros por la cara norte de la montaña.

“Al Himalaya no se vuelve. Cuando has venido aquí por primera vez, él se queda contigo para siempre. Habita en ti como una costumbre, quizás como un virus, siempre como una necesidad. Puedes escapar a ratos, hacia casa, pero el resto del tiempo tú le perteneces.”

Iñaki protagonizará unas 30 expediciones de alta montaña en los siguientes dieciocho años.

Se convertirá en uno de los mejores alpinistas de su tiempo, comprometido con la montaña, riguroso en su estilo y tan sólido en su manera de escalar como su propia filosofía acerca de cómo abordar los ochomiles.En 1992 vuelve a cargar la mochila y se enfunda la camiseta de BexEverest’92.

Es tan solo su segunda incursión al Himalaya, pero Iñaki tiene claro ya que subir con oxígeno es rebajar la altura de la montaña. Una práctica que para él carecía de toda lógica cuando en los ochomiles precisamente lo que se busca es la hipoxia.

Comprobar hasta dónde un hombre puede llegar en unas condiciones tan extremas como las que te ofrece esa cota. Aún así y, tras serias dudas, decide utilizarlo. En esa ocasión, las circunstancias mandan y éstas hablan de que apenas tiene experiencia a gran altura y, además, muy pocas, poquísimas personas en todo el planeta, han subido al Everest sin oxígeno.Comienza a destacar pronto por mérito propio. En esta expedición al Everest, es él quien por la arista sureste abre huella durante unas cuatro horas y media hasta los 8.500 metros. Sin embargo, Iñaki tiene que darse media vuelta y regresar al Collado Sur. En un descuido se había quitado las gafas de ventisca y tras varias horas sin usarlas se le helaron los ojos; apenas sin ver comienza un penoso descenso abandonando la profunda huella que él mismo había abierto en la nieve. Otra vez será. Sus cuatro compañeros de expedición hicieron cumbre.

Su primera cima en un 8.000 no tarda en llegar. El Cho Oyu –en 1993- permite a Iñaki subir en plena autonomía, acarreando él mismo todos sus aparejos y alcanzará la cima en solitario.

Su estilo se perfila y se decantará siempre por cargar él mismo con sus bártulos. Tampoco tenía cabida en su manera de afrontar la montaña pagar a nadie como porteador y poner otra vida en juego que no fuera la suya. Si la mochila pesa, más profunda será la huella.

Durante los primeros 13 años tampoco contará con grandes patrocinios, ni se preocupará excesivamente de buscarlos sabedor de la enorme dificultad de obtenerlos. La mayoría de sus expediciones las pagará de su bolsillo, irá contratado por el programa de TVE Al filo de lo imposible o se empleará como guía comercial.

Es precisamente de la mano de Al filo como va por primera vez al K2 en 1994una de las montañas que más profundamente marcarán su vida de alpinista. La idea era subir sin oxígeno ni porteadores de altura y sin cuerdas fijas el día de cumbre.

No puede ser, en una de las ascensiones por la cara norte de la montaña Iñaki sufre un accidente al agarrarse a una cuerda fija vieja que se parte y salta por los aires. Cae unos 80 metros y queda colgado de una cuerda a más de 7.000 metros de altitud. Se rompe un brazo, varias costillas y las contusiones son diversas. Sus compañeros abortan sus planes para ayudarle a descender al campo base e Iñaki es curado por los médicos de una expedición italiana. En esa expedición fallecería su compañero de expedición y amigo Atxo Apellániz.

Realiza su primera ascensión express en el Shisha Pangma en el 95, aunque se queda en su cima central (8.008 metros), ya que la travesía hasta la cumbre principal (8.027 metros) corría peligro de sufrir avalanchas. Al año siguiente, hace cima en dos montañas con apenas veinte días de diferencia, tocando la cima del Gasherbrum I y II y protagonizando de nuevo otra subida rápida.

Tres años después –1999- hace cumbre en el Lhotse en menos de 24 horas desde el campo base, es el primer español en subir un ochomil en un día. Durante los siguientes años participa en expediciones que incluyen hasta tres montañas en pocos meses. Viaja al Everest en tres ocasiones y hace cima el 24 de mayo de 2001. Lo logra con oxígeno artificial, obligado por contrato por su condición de guía comercial.

En  2003, gracias a la llamada de su amigo el italiano Simone Moro, se enrola en una impresionante expedición internacional en la que participan figuras consagradas del himalayismo como el propio Moro, Dennis Urubko, Ed Viesturs o Jean-Cristophe Lafaille. Hace cumbre en el Nanga Parbat junto a la alpinista austriaca Gerlinde Kaltenbrunner el 20 de junio. El 15 de julio, hace cima en el Broad Peak.

El año siguiente, y después de otros tres intentos en el K2, Iñaki hollará la cumbre de esta montaña el 28 de julio de 2004: “recorro llorando como un niño los últimos metros de la arista cimera. Arriba me acuclillo en la nieve y lloro sin parar, la primera vez que ello me sucede en una cima de ochomilmetros. Son lágrimas acumuladas durante años de espera”. En esta ascensión hará cordada por primera vez con Horia Colibasanu, el amigo rumano que cuidará de Iñaki durante los últimos días de su vida. Este año logrará también la cima de otros dos ochomiles: el Makalu y de nuevo el Cho Oyu, que subirá en 11 horas y 16 minutos desde el campo base avanzado.

En los años siguientes conquistará las cimas del Manaslu –en menos de 30 horas-, en abril de 2006, y Shisha Pangma, en octubre, abriendo una nueva variante y en solitario desde los 7.400 metros por la cara norte, evitando así la peligrosa travesía entre la cumbre central y la principal. En 2007 holla el Dhaulagiri en menos de 30 horas, desde el base por la arista noreste junto a Jorge Egocheaga. En el Dhaulagiri pasó una noche creyendo que su amigo Egocheaga había muerto. Al bajar al base le dijeron que un alud había lanzado 800 metros para abajo a Egocheaga y que se había pasado el campo donde dormía Iñaki. Ambos se reencontraron en la parte baja de la montaña y suspirar aliviados.

Iñaki Ochoa de Olza tocó la cima de doce ochomiles, le quedaban el Kangchenjunga y el Annapurna para completar los catorce. En ésta última montaña descansa para siempre a 7.400 metros de altura.