De madrugada continuamos la expedición, cada miembro con su palito impregnado en sal, remedio contra las sanguijuelas. Además, previamente se surtió de baygón a las zapatillas junto con un líquido para las piernas que la anterior escuela dio a nuestro guía.

La jornada comenzó con una bajada escarpada de piedras muy resbaladizas que hacían el descenso peligroso, pues una mala caída podría ser mortal pero  una simple torcedura de tobillo supondría un desastre para la expedición que se vería en apuros para llevar al accidentado al puesto de socorro más cercano, a días de camino.

Tras la bajada al valle, el ascenso a la siguiente loma. La altitud se hizo patente y un integrante español se mareó, teniendo la expedición que disminuir el paso para que la persona se aclimatase a la altura.

A pesar de los remedios, nos quitábamos sanguijuelas del cuerpo, también por debajo de la ropa y la lluvia insistente no ayudaba. Si alguna vez sentíamos algún picor, levantábamos la camiseta y… voilá! Allí se encontraba la señora chupasangre inerte y feliz.
Tuvimos que cruzar dos ríos, y cada vez que salimos de uno de ellos, debíamos dedicar un tiempo a quitarnos esos anélidos.

Fue una jornada agotadora donde a pesar del esfuerzo no conseguimos llegar a nuestro destino y decidimos hacer noche.

Tras levantarnos a la mañana siguiente y hacer inventario, nos ofrecimos a hacer una tortilla de patata que nos salió bastante bien y, viendo las caras del equipo de expedición nepalí, creemos gustó mucho J

Comimos temprano y continuamos viaje hasta llegar a una aldeíta-escuela muy pequeña donde nos recibieron con un arco de flores y plantas hecho solo para la ocasión.
Pasamos toda la tarde viendo in situ el funcionamiento de la escuela y una vez más quedamos impresionados por esa visión, la de la profesora, que estaba embarazada, dando la clase en esa aulita a niños de diversas edades pero todos bastante sucios y mocosos que repetían el abecedario y aprendían sobre su país y el resto del mundo.

El edificio fue construído hace más de 25 años y debido a los monzones durante todo este tiempo, aparecía descolchado y con maderas podridas. Además, se encontraba en medio de un prado y rodeado por vacas, por lo que el director de la escuela pidió a SOS Himalaya presupuesto para poder poner una verja y pintar la escuela, las ventanas y las puertas.
Para limpiar la letrina, los niños debían turnarse para caminar por 30 minutos 3-4 veces al día portando tinajas cargadas de agua procedentes del caño más cercano. Por eso, el director también nos pidió una salida del caño más cercana.

Verja que rodee el colegio

300.000 NRP / unos 2.300€

Bomba de agua.

150. 000 NRP / unos 1200€

Repintar las puertas y ventanas del colegio.

100.000 NRP /unos 800€

TOTAL 550.000 NRP / unos 4.300€

GALERÍA DE FOTOS:

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