Proyectos

ORÍGENES

Los objetivos que se había propuesto Iñaki Ochoa de Olza eran tres: construir un orfanato en Katmandú, un hospital infantil en el norte de Pakistán y una escuela en Dharamsala (India), sede de buena parte del exilio tibetano. Así lo manifestó tanto por escrito como en conferencias y entrevistas desde al menos el año 2006, un par de años antes de morir.

Su fallecimiento interrumpió este proyecto, pero la puesta en marcha de la Fundación ha tomado el relevo y el reinicio de este sueño.

 

PROYECTOS EN 2012

Desde finales de 2011, SOS HIMALAYA ha encarado un proceso de refundación en el que la prioridad es desarrollar un plan estratégico que marque el rumbo de los proyectos de los siguientes años. Partimos de cero, de nuevo.

La refundación se cimienta en una base excelente: nuestros colaboradores. SOS HIMALAYA cuenta con un potente músculo social, un nutrido grupo de amigos y gente entusiasta que desde el 2008 y la muerte de Iñaki no ha cesado en su apoyo. A ellos nos debemos.

Por eso mismo, creemos que es necesario repensar en los objetivos, tomar decisiones despacio, con sosiego, y dando cuenta a todas esas personas de cada paso que tomemos porque nuestro aval es la RESPONSABILIDAD y la CONFIANZA que cientos de amigos y personas anónimas han depositado en nosotros.

Hasta el momento y desde 2008, todos los ingresos de SOS HIMALAYA proceden de donaciones privadas, camisetas, beneficios por los libros o charlas y conferencias, no hemos recibido subvenciones públicas y la responsabilidad de que cada céntimo de euro –y más en tiempos de crisis– que llegue a nuestras manos debe ser rentabilizado al máximo.

No sólo en la gestión económica, sino en la gestión de ideas y proyectos. Por el momento ese dinero se ha destinado a contribuciones a los anteriores proyectos en Nepal y acumularlo hasta que definamos el plan estratégico que se pondrá en marcha en 2012 y nuestras inversiones y presupuesto para este año.

Este será un curso clave para SOS HIMALAYA en el que escogeremos nuestro primer proyecto propio.

Seguimos considerando, al igual que Iñaki tuvo en mente, que la protección de la infancia en nuestros tres ámbitos de acción es la prioridad. Pero entendemos que este proyecto crece desde el DESARROLLO INTEGRAL y la COOPERACIÓN RESPONSABLE Y COMPROMETIDA.

¿Qué significa esto?

NUESTRAS COORDENADAS:

1. Construir oportunidades en los países del techo del Mundo (Nepal, Pakistán y Tibet). Ser responsables en la planificación de proyectos que involucren a las comunidades locales, que nazcan de su voluntad, evitar el asistencialismo y fomentar las herramientas que promuevan la autonomía y la autosuficiencia.

2. Proteger a la infancia: haciendo esfuerzos en la nutrición, en la educación, el rescate de niños en ambientes marginales o de exclusión (la calle, víctimas de violencia familiar, explotación laboral, reclutados por el conflicto bélico, etc), fomentando el desarrollo de las familias, el empoderamiento de las madres y de las mujeres como motor de sociedades más fuertes y con más oportunidades.

3. Promover actitudes responsables tanto en el Himalaya como en nuestros hogares en cuanto a la gestión de la riqueza y de la naturaleza. Fomentar una actitud de vida basada en la autosuficiencia, en los valores deportivos, el compromiso y la libertad y no en los materiales. Hacer una labor de concienciación por el consumo responsable.

Sabemos que recaudar dinero y construir edificios (orfanatos, hospitales, centros…) no es un reto excesivamente difícil. Tiene sus dificultades, pero es equiparable a subir un ochomil con oxígeno. ¿Se trata sólo de llegar a la cumbre o lo importante es cómo llegar? Si la acción de SOS HIMALAYA se limitase a recaudar fondos y levantar muros de ladrillo, ya nos habríamos retirado de esta aventura.

El verdadero reto es preguntarse por qué construir un orfanato o un hospital.

Nuestro objetivo es brindar oportunidades a generaciones que se han visto negadas, relegadas a la marginalidad. El compromiso por tanto no es sólo dar techo y comida, sino ofrecer un futuro. Eso es comprometerse con la educación de unas personas, niños/as, que va mucho más allá de un edificio. Son valores, cariño y, sobre todo, autonomía.

El nuestro debe ser un proyecto inteligente y con miras a largo plazo. El compromiso con la educación de unos niños/as es mucho más ambicioso que construir un orfanato y debe proyectarse a años, quizás décadas de recorrido.

Se trata de ofrecer unas herramientas que permitan desarrollar habilidades, capacidades que hagan de esos niños y niñas autónomos/as. Que sea una generación capaz de liderar el progreso en sus comunidades. Y sin ayuda de Occidente, sean capaces de salir adelante. Nuestro compromiso es ser serios y ofrecer los ingredientes que forjen esa capacidad.

Esto requiere reflexión y tiempo en elegir proyectos. Es por eso que tras una fase de titubeo inicial, SOS HIMALAYA vive un proceso de refundación. Dejamos de ser una organización ‘amateur’ compuesta por amigos y familiares, y pasamos a ser una organización de cooperación, con un plan estratégico, unos objetivos y una filosofía que nos inspira basada en la austeridad, la responsabilidad, la libertad y el compromiso. Valores que el propio Iñaki Ochoa de Olza mantuvo en el desarrollo de su vida deportiva y personal.

Es por esto que hasta la fecha, y tras la ruptura de relaciones con Docs Foundation, nos ha costado mucho esfuerzo reencauzar nuestra acción y nuestros proyectos. Es por eso que hasta ahora no ha habido un lugar físico –a pesar de que son muchos los amigos y amigas que nos preguntan por la localización de nuestro orfanato con ganas de ayudar y colaborar–, porque aunque el ‘lugar’ podría estar construído, lo importante era saber qué se quería hacer y cómo.

El 2012 será el año en el que asesorados, agrupados y gestionados por las mejores manos en el Norte y en el Sur, lo hagamos realidad.

 

ÁMBITOS DE ACCIÓN de SOS Himalaya

Nepal
 
En el corazón del Himalaya, los extraordinarios récords deportivos y los metros de las montañas más bellas y grandes del planeta son cifras que languidecen, empequeñecen, y quedan ridículos al lado de las estadísticas que tristemente encabeza Nepal. Es uno de los enclaves más deprimidos del continente asiático.
 
La desnutrición es una avalancha que se ceba con los más pequeños. Según datos de UNICEF, 50.000 niños fallecen cada año en Nepal por la falta de alimentos, la mitad de la población infantil pesa menos de lo saludable y tres de cada cuatro embarazadas están anémicas.
La malnutrición y el escaso acceso a agua potable e higiene (muchas cañerías están contaminadas por arsénico) acorta de forma drástica la vida en Nepal. Se estima además que en Katmandú 11.000 niños/as deambulan por las calles, huérfanos y sin cobijo, pero es difícil sacar números en un país donde 4 de 5 niños que nacen son invisibles: sólo una quinta parte de la población es registrada oficialmente al nacer.
 
A la falta de alimentos y la falta de recursos se suma el silencioso conflicto armado, en el que la guerrilla maosísta y gobierno se han llevado por delante 13.000 vidas. Y el impacto directo que esto ha tenido en la educación: cierre de escuelas, adoctrinamiento y muchos menores reclutados como milicianos hasta día de hoy.
 

 

Pakistán
La ruidera de los tiroteos y bombazos –Afganistán y los talibanes al oeste y el conflicto con la India en el este- desplazó a dos millones de pakistanís entre 2008 y 2009, los azotes de catástrofes anuales como las inundaciones monzónicas han dejado sin hogar a más de tres millones de personas. La vida para los 165 millones de pakistanís, en el sexto país más poblado del planeta, no es fácil. Pobreza, desnutrición y un estado casi inexistente.
 
Pero los cinco millones de habitantes que se desperdigan por los valles norteños del Karakórum y el Hindu Kush le añaden a esta vida áspera y convulsa la proeza de habitar un territorio remoto y fronterizo en el que el 90% del paisaje son pirámides de piedra de más de 4.000 metros.
 
Estos valles los pueblan hombres y mujeres que malcomen de una agricultura de subsistencia, austera y pobre, donde el acceso a la sanidad y a la educación son remotos y el gobierno pakistaní o las propias comunicaciones son testimoniales. Allí, un 93% de las mujeres son alfabetas, sólo un 7% de las niñas van a la escuela. La falta de educación y hábitos sanitarios abrevian la vida de estas familias.
 
Algunas organizaciones amigas como Felix Baltistán llevan desarrollando desde hace varios años una excelente labor en valles como el de Hushé, apostando por el desarrollo integral de la región. En SOS Himalaya nos gustaría unir fuerzas con ellos y mejorar esas condiciones.
 

 

Dharamsala
 
Conocida como «la pequeña Lhasa», la ciudad india de Dharamsala -situada al norte entre Cachemira y el Punjab, al pie de los Himalayas- es la sede del exilio tibetano y acoge desde que China conquistó su tierra y el Dalai Lama huyó en 1959 a cerca de 150.000 desplazados del Tibet.    
 
Las necesidades y las carencias son numerosas en una ciudad que ha crecido por la migración del éxodo tibetano. Y, de hecho, la población autóctona hindú que generosamente los acoge es también la que más padece la falta de recursos.  
 
Muchos de los tibetanos que tratan de escapar de su país huyen por el paso de Solu Khumbu, entre Nepal y Tibet, a más de 5.000 metros a los pies del Everest -un periplo en el que amenudo sufren congelaciones, abusos de mafias y militares o violaciones-. Una vez en Nepal son trasladados a Dharamsala. Allí, en un limbo diplomático y sin nacionalidad, los desplazados dependen de las exiguas infraestructuras que el gobierno del Dalai Lama en el exilio puede proporcionar y la cooperación internacional.
 

 

 

PRIMEROS PROYECTOS (2008-2010)

Desde la creación de la Fundación liderada por la familia de Iñaki y un numeroso grupo de amigos  y colaboradores se puso en marcha la maquinaria que hiciese realidad la construcción de un orfanato en Katmandú para arropar a algunos de los casi 11.000 niños y niñas que deambulan por las calles de la capital nepalí.

En los primeros años la Fundación SOS Himalaya comenzó una estrecha colaboración con la entidad local DOCS Foundation, que gestiona un orfanato en Katmandú. Durante este periodo gran parte del dinero recaudado se destinó a la mejora de las instalaciones y condiciones de los niños que esa organización local acogía en Katmandú y se proyectó la ampliación de sus instalaciones (construcción de un nuevo orfanato).

No obstante, la relación entre SOS HIMALAYA y Docs Foundation se fue trabando progresivamente y se empezaron a detectar lagunas en la transparencia y demoras en los documentos de lado de la contraparte nepalí. En definitiva, se quebró la confianza necesaria e indispensable para llevar a cabo un proyecto de esta índole. Antes de que el asunto pasase a mayores y sin que haya habido otros indicios, se decidió de forma unánime abandonar la colaboración.

En la actualidad Docs Foundation continúa sus proyectos en Katmandú, algunos con soporte de otras organizaciones españolas y europeas. SOS HIMALAYA respeta estos proyectos y a todas las personas que participan en ellos, pero nuestro compromiso con ciertos valores y criterios no nos permitían seguir involucrados en aquella relación.

Además SOS HIMALAYA considera que el proyecto de DOCS Foundation tampoco engarzaba con esta filosofía de no asistencialismo y autonomía, por las actividades que Docs Foundation desarrollaba, como por ejemplo la adopción internacional, y aún siendo esto loable y digno, en SOS HIMALAYA queremos hacer una apuesta por el progreso de la comunidad nepalí desde sus cimientos: formar generaciones futuras que sean capaces de liderar el desarrollo de sus comunidades sin abandonar el país.

Entendemos que las formas de cooperar son muchas, variadas, diversas y con diferentes objetivos y así debe de ser. Nosotros hemos tomado la determinación de apostar de forma clara e inequívoca por la transparencia, la eficiencia en la gestión y en llevar a cabo proyectos modestos pero comprometidos con las oportunidades y el desarrollo integral.