Su rescate y muerte en el Annapurna.

 

Entre el 19 y 23 de mayo de 2008 en el Himalaya una suma de hechos y de voluntades forjaron una historia sin precedentes, ejemplo de la valía personal de un grupo de alpinistas que no dudaron ni un instante en jugarse la vida por un amigo. Prescindiendo de cualquier razonamiento, se lanzaron sobre los lomos del Annapurna (8.091 metros) elevando el valor de la amistad hasta su máxima expresión al intentar sacar a Iñaki de aquella tienda a más de 7.400 metros de altura en las peores condiciones que la montaña les podía ofrecer.

Fue tan sonoro su rescate (se hizo el Documental “El informe Robinson”, el cual Pep Guardiola quiso proyectar a sus jugadores en el vestuario,  para mostrarles el espíritu de compañerismo para que un equipo fuera ganador, y en el 2012 se filmó la película-documental  “Pura Vida”,  ganadora de numerosos galardones cinematográficos, entre ellos el premio a mejor documental en el Festival de Cine Internacional de San Sebastián).

Documental “El informe Robinson”:

Surescate

Parte del equipo de rescate, de vuelta en Pokhara. De izquierda a derecha: Horia Colibasanu, Mihnea Radulescu, Simon Anthamatten, Ueli Steck, Alex Gavan, Don Bowie, Nancy Morin, Sergey Bogomolov, Denis Urubko (agachado), Valery Gubanov, Alexey Bolotov y Robert Szymczak.

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A su vez, desde Pamplona, su familia y amigos más íntimos vivieron igualmente las horas más intensas coordinando las labores de rescate minuto a minuto y maniobrando al más alto nivel que les fue posible, empujando también desde casa. Conectados con el campo base del Annapurna, Nancy Morin, la novia de Iñaki, informaba a Pamplona de todos los detalles del operativo de rescate. Había que sacar a Iñaki vivo de aquella tienda como fuera.

Iñaki Ochoa de Olza era un hombre que quedaba fuera de todo canon. Formaba parte de ese grupo de personas cautivadas por un tipo de vida reservada sólo para unos pocos, los himalayistas. No en vano, conseguir el formidable reto de subir las montañas más altas del planeta exige unas condiciones físicas y mentales tan extraordinarias como sus 14 cimas. La historia del rescate de Iñaki en mayo de 2008 en el Annapurna da cuenta de esos extraordinarios compromisos y actitudes.

El lunes 19 de mayo de 2008, Iñaki  Ochoa de Olza se dio la vuelta a 200 metros de la cumbre porque no vio clara la situación en un paso descendente. Intentaba la cima del Annapurna junto a Horia Colibasanu y Alexey Bolotov. Tenía mucho frío y notaba heladas las manos. Colibasanu optó por acompañar de vuelta a Iñaki, mientras que Bolotov prosiguió hacia arriba.

A los pocos minutos de llegar a la tienda instalada a 7.400 metros en la arista este de la cara sur, Iñaki se desplomó repentinamente. Acababa de sufrir un violento edema o derrame cerebral. Horia Colibasanu dio el aviso por radio al campo base, necesitaban ayuda.

Camino de la cima nos encontramos con un paso técnico. Era corto, pero no teníamos cuerda fija. Empecé a buscar una alternativa mientras Iñaki y Bolotov buscaban la manera de pasar. Pero enseguida Iñaki me dijo que tenía mucho frío y que prefería darse la vuelta. Me fui con él. No hacía tanto frío: sus guantes eran más gruesos que los míos y yo no sentía frío, así que imaginé que Iñaki estaba pagando el esfuerzo”, recuerda Horia.

Inmediatamente, después de conocer la noticia, se puso en marcha el operativo de rescate. Una llamada de Horia Colibasanu al teléfono vía satélite del suizo Ueli Steck, describiéndole la situación, le bastó a éste para salir montaña arriba… al anochecer, junto a Simon Anthamatten. Los dos suizos eran los únicos que se encontraban en el Annapurna, aunque en un zona algo alejada de la ruta escogida por Iñaki, Horia y Alexey.

La verdad”, reconoce Ueli, “es que sólo había una cosa que pensar, así que no nos costó decidirnos”. Para ganar tiempo, Ueli y Simon cargaron con el mínimo peso posible y, vestidos de trekking –su ropa de escalada la tenían más arriba en la cara sur-, se lanzan en una ruta que no conocían y en la que Iñaki y sus compañeros habían invertido semanas de trabajo. Tardan poco menos de dos días en llegar al campo 3 y allí se cruzan con Alexey Bolotov, que baja de la cima y con quien Ueli intercambia equipamiento. Por suerte, calzan el mismo número.

Simon –con problemas de altitud– se queda para esperar a Denis Urubko y Don Bowie, que están ya de camino. “Tenemos un gran problema: Iñaki está muy mal en la sur del Annapurna”, Sergey Bogomolov despertaba con estas palabras a Denis Urubko a las cinco de la mañana del miércoles 21 de mayo. Junto a ellos, Nima Nuru Sherpa, dueño de la pequeña agencia de viajes Cho-Oyu Trekking, fletaba un helicóptero que pagaría de su propio bolsillo.

En pocos minutos, Urubko tiene la mochila hecha y a mediodía están volando hacia Pokhara con oxígeno y medicinas para recoger a Don, quien al enterarse de los problemas de Iñaki ha insistido en ayudar. El equipo 1 estaba ya en la montaña. Bowie y Urubko serán el equipo de rescate 2. Sin embargo, ese miércoles 21 no podrán llegar hasta el campo base. Las nubes lo imposibilitan. El jueves 22, lo vuelven a intentar.“Nunca me olvidaré de esto” -relata Dennis- “el helicóptero casi rozaba las laderas del valle, las rocas se movían muy cerca. Nos balanceábamos entre las nubes, las rocas y las laderas. El piloto hizo todo lo que pudo, pero de pronto viró y regresamos al valle. Entonces supe que no podíamos perder un día más.

No hay manera, –gritaba Bogomolov desde la cabina–. Mañana por la mañana volveremos.

¡Alto! –cuenta Denis que exclamó– ¡Sergey! Es necesario que me dejéis en tierra con Don. En cualquier lugar… donde sea posible. ¡Tenemos que ir!.

Urubko y Bowie saltaron del helicóptero, a dos horas de camino del campo base. Era el jueves 22 e Iñaki llevaba casi tres días enfermo. En Kathmandú, otro equipo había sido reclutado para salir ese jueves, acompañando a Urubko y Bowie. Robert Szymczak y Sergey Bogomolov fueron helitransportados ya el viernes 23 cerca del campo 2 (6.100 metros), junto con una cámara hiperbárica Gamow.

Los rumanos Alex GavanMihnea Radulescu y los sherpas OngchuWangchu y Pinjho lo hicieron a pie desde el campo 1. Entre todos pensaban subir la cámara hiperbárica exactamente hasta donde hiciera falta y que el mayor número posible de personas subieran hasta Iñaki para intentar bajarlo en una camilla. El rescate de Iñaki pasó de ser un asunto de Colibasanu, Bolotov, Steck y Anthamatten a contar con una quincena de personas en la montaña.

El jueves 22 de mayo, mientras Urubko y Bowie vuelan montaña arriba, Ueli Steck está cerca del campo 4 donde se encuentran Iñaki y Horia (7.400 metros) y habla con Horia por la radio. El rumano no quiere dejar solo a Iñaki en la tienda, así que Steck tiene que engañarlo y le pide que le marque el camino, que baje un poco para abrirle algo de huella y facilitarle el ascenso. Por fin se encuentran y Ueli le propone que bajen juntos, ya que el estado de Horia empezaba también a ser crítico. Pero para Horia seguía sin ser una opción que Iñaki quedara solo en la tienda.

Podía estar destruido físicamente, pero su decisión era inamovible desde el principio, y más irrenunciable todavía treinta minutos después de la dosis de dexametasona y cafeína que le había proporcionado Steck. Se las arreglaría para bajar. Steck tenía que seguir camino del C4, a donde llegará a las 3 de la tarde para administrar a Iñaki dexametasona.

En el C2, en la noche del jueves 23, Bolotov recibe a Denis Urubko y Don Bowie, quienes entran en la tienda. Hasta sus 6.100 metros han llegado del tirón –cargados con oxígeno, medicinas, comida y gas– desde los 4.000 metros del Campo Base del Machapuchare, el único sitio donde el helicóptero ruso les pudo dejar por la mañana después de los intentos fallidos del día anterior.

Mañana te bajas con Migma —le dice Urubko a Bolotov, sin creer que estuviera bien recuperado del principio de edema pulmonar con el que bajaba de cima.

Para nada. Mañana subo con vosotros. Es necesario para sacar a Iñaki -contesta Bolotov.

Horia aún tiene la ocasión de encontrarse con Dennis en la madrugada del 23. “Tienes que llegar hoy”, le dice Horia a Urubko. “Mañana puede ser tarde”. Urubko, Bowie y Bolotov escalan toda la noche y alcanzan el Campo 3. Ya no se moverán de ahí.

Mientras, Ueli hacía todo lo posible por mantener a Iñaki con vida. Su obsesión era suministrarle la medicación, necesitaba que reaccionara. Siguiendo las indicaciones desde Pamplona y Suiza, Steck le administró Edemox y dexametasona. La mañana del viernes 23 la respiración de Iñaki era un siseo.

Pablo, uno de los hermanos de Iñaki, recibe una llamada en el lugar desde donde se coordina el operativo de rescate en Pamplona. Hello Pablo, this is Horia (Hola Pablo, soy Horia).

Es la segunda vez que hablo con él en mi vida, la primera ha sido tres horas antes –relata Pablo–. Está ya en el campo base. Bien. Saldrá de ésta, le corto. Horia: es normal que Iñaki vomite, le digo. Dadle un protector gástrico, casi grito. Pablo, me dice. Yo a lo mío, como si no le oyera… La Dexa va bien para la cabeza, pero es muy mala para el estómago, dadle un prot… Me corta: me cuenta que Iñaki ha dejado de respirar hace 10 minutos”.

Ueli Steck intentó una reanimación cardiopulmonar como última opción, poco después informaba por radio: Iñaki había muerto.

Denis Urubko y Don Bowie se encontraban a unas seis u ocho horas de alcanzar el campo 4 con las botellas de oxígeno. Radulescu y los cuatro sherpas estaban cerca del campo 2, ya que Alex Gavan se había dado la vuelta, agotado. El sábado habrían tratado de llegar hasta Iñaki y entre Bowie, Steck, Urubko y el resto ir descendiéndolo. No pudo ser.

Todos los rescatadores descendieron el sábado 23 hasta la seguridad del campo base en medio de un tiempo pésimo. Ueli Steck casi había obrado el milagro, al igual que Horia, que Simon, que Bolotov, que Urubko y Bowie. Que todos.

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La historia del rescate de Iñaki Ochoa de Olza en el Annapurna es única en sí misma.

Con toda seguridad quedará en los anales del himalayismo como la primera vez que montañeros que no están en la montaña están a punto de rescatar a un himalayista. La primera. Al menos en ochomiles, aún es la última. De los 14 hombres que participaron en el rescate, tan solo cuatro –Colibasanu, Bolotov, Steck y Anthamatten- se encontraban en el Annapurna cuando Horia dio el aviso de que Iñaki necesitaba ayuda. Sólo una llamada de teléfono bastó para que el resto se movilizara desde diferentes puntos de Nepal, como cuando la poderosa fuerza de la naturaleza se pone en marcha, porque sí y punto. Todos eran amigos de Iñaki o habían oído hablar de él desde hacía años. Alpinistas de élite, himalayistas comprometidos que escribieron durante esos días una de las más grandes páginas de la historia de la alta montaña.